sábado, 24 de junio de 2023

DATOS QUE QUIZÁS NO SABÍAS DE TU ÁNGEL DE LA GUARDA



DATOS QUE QUIZÁS NO SABÍAS DE TU ÁNGEL DE LA GUARDA  

✿ TE ACOMPAÑA DESDE LA CONCEPCIÓN

Cada ser humano desde el momento de su concepción tiene un Ángel de la Guarda. Dice el Catecismo en el numeral 336: “Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión”. 

✿ TIENE UNA MISIÓN

La misión del Ángel de la Guarda es la de velar por cada uno, protegiéndonos de los peligros y alentando nuestra vida en Cristo. Por ello San Juan María Vianney (el Cura de Ars) indicaba: “Qué feliz es ese Ángel de la Guarda que acompaña al alma cuando va a Misa”.

San Basilio Magno decía que "todo fiel tiene a su lado un Ángel como protector y pastor, para llevarlo a la vida". Por su parte, San Bernardo de Claraval enseñaba que los Ángeles Custodios son demostración de que "el cielo no descuida nada que pueda ayudarnos", por lo cual pone "a nuestro lado estos espíritus celestes para que nos protejan, nos instruyan y nos guíen".

✿ NO ES UN INVENTO

Su existencia no es un invento, se fundamenta en la Biblia.

La existencia de los ángeles es una verdad de fe. En la Biblia, desde el Antiguo Testamento hay numerosas citas que hablan de los ángeles que custodian, como en Éxodo (23, 20-21): “Yo voy a enviar un Ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado. Respétalo y escucha su voz”.

De igual manera en el Nuevo Testamento, Jesús dice (Mt. 18,10): “Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus Ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial”.

✿ TENEMOS EL TESTIMONIO DE MUCHOS SANTOS

Muchos santos han dado testimonio de la inseparable relación que tuvieron con sus Ángeles Custodios. Entre ellos tenemos a San Francisco de Sales, San Pío de Pietrelcina, San Josemaría Escrivá, Santa Gema Galgani, Santa Francisca Romana...

✿ ACUDEN A TI CUANDO LO LLAMAS

Santo Tomás de Aquino detalló en la Summa Theologica que “la rapidez de movimiento del ángel no se mide por la cantidad de su poder, sino de acuerdo con la determinación de su voluntad”.

Los ángeles no están obligados por un cuerpo material como nosotros, para que puedan moverse muy rápido, a la velocidad de “pensamiento”. Si se le pide al ángel Custodio que ayude a alguien más, este estará de vuelta inmediatamente.

martes, 14 de febrero de 2023

Hermana de sacerdote, adoradora eucarística, luego de fallecer pasa cuarenta días en el Purgatorio


 

LA HERMANA DE DON TOMASELLI SE QUEDA 40 DÍAS EN EL PURGATORIO

Ella cuenta en su diario espiritual:

Tuve una hermana, Josephine, que pasó su vida en gran cercanía con Dios. Cada día iba a misa y se comunicaba. Todas las tardes visitó a Jesús Sacramentado. (... )Ella era una vida sencilla, hasta los 88 años no sabía lo que significaba el matrimonio, ofrecer su virginidad a Dios con voto privado.

La muerte es para todos. Durante su último período de vida se enfermó gravemente.

Le pregunté a Jesús:

¿Mi hermana se quedará en el Purgatorio mucho tiempo después de morir?

- No - respondió Jesús.

El día después de Navidad en 1980 murió, con las comodidades religiosas y un sacerdote a su lado.

Le pregunté a Jesús: - ¿Dónde está mi hermana?

- En el Purgatorio.

- ¿Y cuándo saldrá del Purgatorio?

- Llega el 5 de febrero en 40 días .. (... )

El 5 de febrero alrededor de las 10 pm, Dios prometió una manifestación. Giuseppina, en una apariencia juvenil, dijo:

Estoy en un gran jardín fragante, cerca del sol más hermoso de la vida: JESÚS. Siempre pienso en ti, pero sobre todo en el éxtasis del amor con el Novio, que disfruto como recompensa por mi vida pasada en perfecta pureza de alma y cuerpo. Te amo siempre y nunca te olvidaré. Gracias por las Sagradas Misas que me ayudaron a entrar en el Paraíso más rápidamente. Siempre reza por las almas en el Purgatorio, pero especialmente por los sacerdotes y monjas...

Página 114 - 116

Fuente * Unámonos para ayudar a las Almas Sagradas del Purgatorio *

martes, 29 de noviembre de 2022

“Conviértanse (el Mesías vendrá y) reunirá el trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga”

 

(Domingo II - TA - Ciclo A - 2022 – 2023)

          “Conviértanse (el Mesías vendrá y) reunirá el trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga” (cfr. Mt 3, 1-12). Juan el Bautista predica en el desierto la conversión del hombre a Dios, advirtiendo que deben de cesar de obrar el mal y comenzar a obrar el bien, porque el Reino de Dios está cerca y, todavía más, el Rey del Reino de Dios está por venir y cuando venga, vendrá como Justo Juez y separará a los buenos de los malos: a los buenos, para conducirlos al Reino de los cielos; a los malos, para arrojarlos a la “hoguera que no se apaga”, es decir, el Infierno. Juan el Bautista utiliza, para graficar el Día del Juicio Final, la figura de un labrador que separa el trigo y lo almacena en su silo, de la paja, que no sirve, para quemarla. Es llamativo que utiliza una expresión que es: “una hoguera que no se apaga” y esto lo hace porque está hablando no de la hoguera material, terrena, la que todos conocemos, que indefectiblemente termina por apagarse cuando se combustiona el material que la alimentaba; se trata de una hoguera que no se apaga porque es el Infierno, en donde el fuego quema, combustiona, pero no consume aquello que quema, que son las almas y los cuerpos de los condenados; además, no se apaga, porque el castigo que sufren los condenados es eterno, porque eterna es la culpa y la pena y eterno es el peso de la Justicia y de la Ira Divina que se descarga sobre los impenitentes que, por propia voluntad, se condenaron, al no querer convertir sus corazones.

          “Conviértanse, el Reino de Dios está cerca”. La misma prédica y el mismo llamado a la conversión eucarística, que es la conversión al Cristo Eucarístico, hace la Iglesia al hombre de hoy. Y, así como el Bautista predicaba en el desierto, así la Iglesia predica en el desierto de un mundo sin Dios, que ha desplazado a Dios y a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, rechazando su Cruz, rechazando su Presencia Eucarística, rechazando sus Mandamientos y sus Consejos Evangélicos. El mundo de hoy ha erigido falsos dioses, ante los cuales se postra en ciega y sacrílega adoración todos los días: el dinero, el poder, el éxito, la fama, la honra mundana, los bienes materiales, los ídolos demoníacos -Gauchito Gil, Difunta Correa, San La Muerte, atrapasueños, cinta roja, Buda, etc.- y esto le sucede como castigo al no querer arrodillarse y adorar a Cristo Dios Presente en Persona en la Eucaristía.

          “Conviértanse (el Mesías vendrá y) reunirá el trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga”. Cada día que pasa, es un día menos que nos separa del Día del Juicio Final; cada día terreno que pasa, es un día menos para la Llegada en la gloria de Nuestro Señor Jesucristo, quien vendrá como Justo Juez, para dar a cada uno lo que cada uno libremente mereció con sus obras: a los buenos, el Reino de los cielos; a los malos, a los rebeldes, a los impenitentes, a los que no quisieron saber nada de Cristo Eucaristía, de la Santa Misa, de los Sacramentos, de los Mandamientos y a cambio obraron el mal, la impiedad y la iniquidad, a esos los arrojará en la “hoguera que no se apaga”, es decir, en el Infierno. En nuestra libertad está elegir adónde queremos ser llevados cuando venga el Justo Juez; por supuesto, que al Reino de los cielos, pero para eso, debemos hacer mucha oración y adoración eucarística, debemos frecuentar los Sacramentos y debemos ser misericordiosos con nuestros prójimos.

 

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Una mamá que todavía estaba en el Purgatorio

 UNA MAMÁ QUE TODAVÍA SE HALLABA EN EL PURGATORIO

El Padre Giuseppe Tomaselli cuenta una experiencia suya con su propia madre fallecida:

«Mi madre fue una persona de gran ejemplo, y a ella le debo en gran parte mi vocación sacerdotal. Iba a Misa y comulgaba todos los días, incluso en la vejez. Jamás dejó de rezar el Rosario. Caritativa, hasta el punto de perder un ojo mientras realizaba un gran acto de caridad hacia una pobre mujer. Siempre conforme al querer de Dios, tanto que cuando mi padre yacía muerto en nuestra casa, cuando yo me pregunté: “¿Qué le puedo decir a Jesús en estos momentos para agradarle?”, ella me dijo que repitiera: “Señor, hágase tu voluntad”. En su lecho de muerte recibió los últimos Sacramentos con fe viva. Unas horas antes de su muerte, sufriendo demasiado, repetía: “¡Oh Jesús, quisiera pedirte que disminuyas mis sufrimientos! Pero no quiero oponerme a tus deseos; ¡haz tu voluntad!” Así murió aquella mujer que me trajo al mundo.

Teniendo muy presente lo que es la Justicia Divina, y prestando poca atención a los elogios que podían dar los conocidos y los mismos sacerdotes sobre mi madre, intensifiqué los sufragios por su alma. Ofrecí gran número de santas Misas, muchas obras de caridad, y donde predicaba exhortaba a los fieles a ofrecer comuniones, oraciones y buenas obras en sufragio de ella.

2 años y medio después de su muerte, de repente se apareció aquí en mi habitación, luciendo muy triste, y tuvo lugar la siguiente conversación:

—¡Me dejaste en el Purgatorio!

—¿Todo este tiempo has estado en el Purgatorio?

—¡Y todavía lo estoy! ¡Mi alma está rodeada de tinieblas y no puedo ver la Luz, que es Dios! Estoy a las puertas del Paraíso, cerca del gozo eterno, y me desgarra el deseo de entrar en él, ¡pero no puedo! Cuantas veces he dicho: Si mis hijos supieran mi terrible tormento, ¡vendrían pronto en mi ayuda!

—¿Y por qué no viniste antes para hacérmelo saber?

—No me era permitido.

—¿Aún no has visto al Señor?

—Tan pronto como expiré, vi a Dios, pero no en toda su luz.

—¿Qué podemos hacer para liberarte de inmediato?

—Sólo necesito una Misa. Dios me ha permitido venir para pedirlo.

—¡Tan pronto como entres al Cielo, regresa para darme la noticia!

—¡Si el Señor lo permite! ¡Qué luz! ¡Qué esplendor!

Se celebraron 2 Misas y algunos días después volvió a aparecerse, y dijo: “¡Estoy en el Paraíso!”

Meditando en esto que he expuesto, me digo a mí mismo: ella llevaba una vida tan ejemplarmente cristiana, y se habían ofrecido por su alma una gran cantidad de sufragios... ¡y aun así permaneció 2 años y medio en el Purgatorio! ¡Nuestros juicios son tan equivocados!»

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Continuemos orando mucho por nuestros difuntos, aunque hayan parecido muy santos, no sea que los dejemos en el Purgatorio largo tiempo por pensar que ya están en el Cielo.

Benditos sean Jesús y María.

viernes, 18 de noviembre de 2022

«Las almas del purgatorio necesitan oraciones». De las visiones de la beata Eduviges Carboni

 


El Papa Francisco reconoció en noviembre de 2018 un milagro obtenido por la intercesión de Edvige (Eduviges) Carboni , beatificada en Cerdeña meses después, y a quien Ermes Dovico consagra un reciente artículo en La Nuova Bussola Quotidiana:

Su nombre, 66 años después de su muerte y de una vida vivida en la más humilde reserva, aún es relativamente poco conocido. Basta leer su diario, escrito por obediencia a su confesor, para comprender la riqueza de los dones sobrenaturales que el Señor le concedió. Hablamos de la venerable Eduviges Carboni (1880-1952), una laica sarda de corazón sencillo y fe inmensa, proclamada beata.

Una verdadera gracia para la Iglesia, porque proponer esta alma predilecta a la imitación de los fieles será de gran ayuda para la catequesis sobre las realidades últimas y, en consecuencia, para reavivar la fe.

Eduviges se puede incluir, por derecho propio, entre las grandes místicas por los innumerables éxtasis, las apariciones de Jesús y María, los estigmas, la coronación de espinas, las revelaciones proféticas, las visiones del más allá, en particular de las almas del Purgatorio, además de numerosos santos, sobre todo San Juan Bosco y Santa Teresa del Niño Jesús, que la aconsejaban con frecuencia.

Nació en Pozzomaggiore, en la provincia de Sassari, y ya desde su nacimiento se manifestó en ella una señal celestial: una pequeña cruz, «signo de que tú, en el mundo, deberás sufrir», como siempre le decía su madre, que le transmitió una piedad cristiana viva. Cuando tenía cinco años sintió que su ángel custodio la exhortaba a consagrarse a Dios: la niña hizo voto de virginidad (“comprendí que Jesús lo quería”, recordará en su diario), que renovó varias veces. Creció tranquila y obediente, entre misas, sacramentos y momentos ante el sagrario.

Le hubiera gustado ser monja, pero renunció para asistir con dedicación a sus familiares enfermos: primero a su tía, después a su madre, su tío, su abuela, su padre, su hermano Giorgino, recibiendo a cambio, en algunos casos (como con su abuela y su hermano), sólo amarguras. Giorgino se casó con 38 años y murió repentinamente cinco meses después. Nada más llegar la noticia, Eduviges reaccionó al dolor diciendo: “Señor, hágase tu voluntad”. Y se recogió en oración.

Visiones y quemaduras

Un día, su hermano se le apareció inmerso en sufrimiento, diciéndole que había sido condenado a descontar ocho años en el Purgatorio y pidiéndole oraciones para abreviar los tiempos de su liberación. Al sincerarse con ella le apretó la mano, sacudiéndosela. La señal de la quemadura se le quedó de por vida. El inmenso amor por las almas de los difuntos, no solo de sus familiares, sino de toda la Iglesia penitente, es un rasgo peculiar de su santidad. “Ama las almas del Purgatorio, reza por ellas”, la había pedido Jesús. 

En favor de estas almas, que podía ver por bondad divina, Eduviges ofrecía oraciones, misa, sacrificios, humillaciones y dolores que aceptaba con paciencia. Participaba en la buena obra también su hermana Paolina, la sexta y la última, que la madre había confiado en particular a la hija mayor. Por esta razón, en 1929, cuando tenía ya 49 años, Eduviges dejó Cerdeña para trasladarse a Lacio con su hermana, que era maestra de escuela primaria y que cambió con frecuencia de sede. Una mañana, en julio de 1941, después de Comunión sintió que le tocaban la espalda y advirtió una voz triste que le decía: “Soy un alma que ha muerto hace pocas horas bajo los escombros. Hace pocas horas que sufro en el Purgatorio: ¡me parece que ha sido un siglo! Dios es severo, Dios es justo, Dios castiga. Reza por mí y haz que monseñor Massimi rece por mí, también Paola y también Vitalia (una buena amiga de Eduviges, ndr)”.

Otra vez se le presentó una persona que “me tocó la muñeca, que se quedó quemada. No le reconocí. Iba vestido de oficial. ‘He muerto en la guerra’, me dijo. ‘Desearía misas: haréis que monseñor Vitali las celebre para mí. Paola y tú haréis la santa comunión por mí’”. Una vez acabada esa súplica, vio reaparecer al oficial “resplandeciente” y lleno de gratitud: “Voy al Paraíso donde rezaré por vosotros, especialmente por monseñor Vitali. Soy ruso y me llamo Paolo Vischin. Mi madre me había educado en la santa religión; después, al crecer, me dejé llevar por la vida rusa, mala. En el momento de mi muerte me arrepentí, y recordé las bellas palabras que desde niño me decía mi madre. El buen Jesús me ha perdonado”. Se ve aquí la importancia de la educación cristiana como medio de salvación, verificable más de una vez en el diario de Eduviges, escrito en buena parte durante la Segunda Guerra Mundial y en un siglo en el que el nazismo y, de manera más duradera, el comunismo, rechazan radicalmente a Dios.

La inmodestia y el trabajo dominical

En mayo de 1943, viendo a Jesús sufriendo, oyó que le decían: “Hija mía… estoy triste porque veo que la mayor parte de los hombres, en sus familias, han otorgado el poder al diablo, y me han expulsado a Mí, su Creador y Dios”. Se lee con especial frecuencia también el desdén de Dios por la pérdida del pudor, las “modas inmodestas” y “escandalosas”, la participación -incluso el domingo- en espectáculos impuros en el teatro y en el cine, a los que van no sólo los adultos, sino que también “llevan a sus pequeños inocentes para destrozarles antes de tiempo viendo escenas inmodestas”, como le reveló Jesús en diciembre de 1944, lamentando también que “poquísimos son aquellos que respetan el día festivo a Mí consagrado”.

En el día de Pascua de 1943 había visto un ángel con la espada en la mano, que le explicó una visión relacionada con los pecados de la carne: “El mundo busca los placeres impuros y feos; estos, si no se limpian con el sacramento de la Confesión, serán castigados por Dios para la eternidad, porque delante del tribunal divino no se puede salvar nadie si antes no se ha limpiado de la inmundicia con una confesión, y el arrepentimiento y la promesa de no volver a sumergirse nunca más en esos sucios lodazales”.

Las visiones de Eduviges conciernen también al Infierno, donde ve caer a muchas almas por haber rechazado hasta el final la Misericordia divina, y el Paraíso, donde un ángel le mostró dos tronos preparados para ella y para su hermana, pidiéndole que perseverara “en la santa pureza, del amor de Dios y del prójimo”. Le enseñó también que la gloria eterna es proporcional a los sufrimientos padecidos en la tierra y ofrecidos al cielo, en unión con el sacrificio de Cristo, por la salvación de las almas: por ello estas, cuanto más resplandecen, más se asemejan a Jesús crucificado, abrazando con humildad la propia cruz. Especialmente “en el día de difuntos”, como testimoniará en el proceso por su causa su amiga Flora Argenti, Eduviges “veía multitud y multitud de almas que le expresaban su agradecimiento, y que le pedían que se lo expresara también a las personas que habían rezado por ellas para volar al Paraíso”. Eduviges, que también era muy humilde, mostraba la misma caridad en las necesidades materiales de los pobres, de los parados, de los prisioneros de guerra.

El poder del Rosario

Satanás la odiaba particularmente y le vejaba físicamente, no soportando sobre todo que se confiara a la protección de la Virgen María. “Tú rezas a mi enemiga -y me indicó a la Virgen. Hasta que no dejes de rezar a mi eterna enemiga, yo no te dejaré nunca en paz”, le dijo el diablo en enero de 1942. Pero la Virgen la sostenía en su lucha espiritual, vertiendo sobre ella abundantes gracias y consolándola con visiones, como cuando Eduviges la vio distribuir rosarios a muchas almas: “Hijitos míos, hijitas mías, vosotros con esta corona apagaréis el fuego que se ha difundido en casi todo el universo. Si vosotros recitáis con fe esta corona, este fuego se apagará pronto. Esta es el arma más poderosa; y arma más poderosa que esta el hombre no la encontrará. Dichas estas palabras, desapareció resplandeciendo”.

Partícipe como era de las misericordias divinas, quería que también los demás las descubrieran; por ello escribía: “Si fuese un ángel, cogería una trompeta, recorrería el océano y gritaría a todos los seres humanos: amad a Jesús, amadlo, amadlo, hombres, amad al buen Jesús, recordad que ha muerto en la cruz para salvarnos a nosotros, míseros pecadores”.

ARGENTINA ES CATÓLICA