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miércoles, 5 de marzo de 2025

En el Purgatorio por Miedo al Infierno

 


En el Purgatorio por Miedo al Infierno.

En Italia se encontraba en un monasterio un monje de mucha santidad pero de poco hablar, él tenía la capacidad de ver las almas cuando salían de su cuerpo a su juicio particular.

Un religioso que era aficionado a ganar indulgencias por parte de sus mortificaciones no era tan ácido a los sacrificios como otro monje que se la pasaba todo el tiempo en mortificación.

Llegó la hora de su muerte y el santo monje que podía ver las almas salir del cuerpo vio que subió derecho al Cielo sin retención alguna.

Había muerto en esa misma semana el religioso que hacía tantas penitencias y tenía tantos padecimientos. Con sorpresa vio el monje místico como este religioso bajaba al Purgatorio.

Se encontraba en el Santísimo Sacramento en adoración y le preguntó a Jesús; pero cómo es posible que quien no se veía con tantas mortificaciones suba directo al Cielo, y el otro que tanto sacrificio hacía comía poco y dormía poco tuvo que ir a purificarse? Jesucristo le respondió:

“Quien subió directamente al Cielo hacía lo que estimaba mi Preciosa Sangre aplicando los medios de las indulgencias de la Santa Iglesia, me tenía un amor sin igual, y todo lo que hacía era por mi voluntad”.

“Sin embargo aquel que se mortificaba tanto que se veía afligido daba mal testimonio porque las personas entendían que el ser cristiano era vivir afligido y simplemente hacía sacrificios por miedo a condenarse no por amor a Mí”.

En ese instante salió este monje santo más edificado a predicarle a sus hermanos acerca de la importancia del amor a Jesús y de la pureza de intenciones.

Tomado del libro “Sermones de las Almas del Purgatorio” de la Edad Media.

lunes, 16 de diciembre de 2024

"Considera, cristiano, el estado más bajo del Purgatorio..."

 



Considera Cristiano, que él estado más bajo del Purgatorio, es un horno de fuego tan violento y persistente, que sin consumir abrasa á aquellas pobres almas que quizá acá estubieron perdidas regaladas al mundo.  Es un fuego discretivo que á cada uno atormenta segun sus méritos; es un severo inquisidor, que escudriña hasta la más leve culpa, para dar la correspondiente pena;  tú, cristiano, compadécete de está violencia en el padecer, y con tus buenas obras y sufragios remite á estas pobres almas algun alivio, que estan deseando á este  indecible penar.

miércoles, 16 de octubre de 2024

¿Cuánto dura el Purgatorio?

 ¿CUÁNTO DURA EL PURGATORIO?

El Purgatorio es el lugar del que habla la misma Verdad Eterna: «En verdad te digo: ¡No saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último centavo!» (Mt. 5, 26).  A este lugar de tormentos se adecúan las palabras del salmista: «Has alejado de mí a mis amigos y conocidos, por causa de mis faltas» (Salmo 88, 19).  Sobre la duración de los sufrimientos en el Purgatorio, la Beata Ana María Lindmayr nos enseña lo siguiente:

«Las almas del Purgatorio me han mostrado cómo en el otro mundo todo es calculado y verificado con toda precisión, y lo difícil que es entenderlo en esta vida.  Yo misma, antes de comenzar a tener estas experiencias con las almas, con frecuencia me preguntaba cómo podía ser posible que en el Purgatorio tuvieran que permanecer tanto tiempo aquellas almas de las que en este mundo se pensaba que ya hace mucho estaban en la gloria eterna. Vine a saber de esto por mis abuelos: a mi abuela le fue posible mostrarse sólo 17 años después de fallecida.

A menudo, la permanencia en el Purgatorio dura algunos cientos de años.  De todo esto he aprendido cuán grave es ofender a Dios y que todo aquello que no es cancelado aquí, debe ser descontado allá.  El buen Dios nos ha dado medios suficientes para purificar nuestra alma en esta vida. ¿Pero cómo los usamos?  Las almas del Purgatorio me han enseñado lo mucho que aprovecha el buen uso de los sacramentos, la oración, las indulgencias y lo mucho que se puede descontar a través de los sufrimientos, las adversidades y las enfermedades.  Todo sucede, sin embargo, para la mayor parte de personas de manera superficial.  Por esto ya no me sorprendo al ver en el Purgatorio almas que habían muerto cien o más años antes, porque he ido aprendiendo cada vez más el infinito bien que es Dios y el enorme mal que es el pecado, cuán breve es el sufrimiento acá y en el Purgatorio en comparación a la eternidad, y sobretodo que todo el sufrimiento es nada en comparación a las penas del Infierno.

Con muchos sufrimientos podemos ayudar a liberar a aquellos que fueron crueles con el prójimo, porque a crueldad corresponde crueldad.  En 1704 vino a mí un alma que había muerto 15 años atrás, y que en vida había sido muy piadosa.  Me dijo: “No se llega tan rápido al Cielo.  Es un castigo muy particular cuando un alma fue creída santa en el mundo, porque después no rezan suficiente por ella creyendo que ya se encuentra en el Cielo”».

Según los escritos de Ana M. Lindmayr, son retenidos menos tiempo en el Purgatorio los buenos de corazón, los compasivos y los misericordiosos.

martes, 20 de agosto de 2024

Un día en la tierra equivale a un año en el Purgatorio

 


En un monasterio francés, dos sacerdotes, que tenían un gran celo por el sufrimiento de las pobres almas en el Purgatorio, hicieron una solemne promesa: uno de ellos celebraría la misa matutina por quien muriera primero. Uno de los dos murió; a la mañana siguiente, su hermano celebró la misa de la mañana por él. Durante las oraciones de acción de gracias, al final de la misa, el sacerdote vio al amigo aparecer ante él, brillando de gloria... Entonces el alma gloriosa tomó un aspecto más oscuro y le dijo a su amigo: "Hermano mío, ¿dónde estabas? "¡Tu alma no merece la misericordia de Dios!" "¡Me dejaste en el Purgatorio por más de un año antes de celebrar la misa que nos prometimos! El sacerdote respondió sorprendido: "¿Qué estás diciendo? ¡Tu cuerpo no ha sido enterrado todavía! Dejaste este mundo hace unas horas, y acabo de terminar de celebrar la misa que prometiste... “El alma del monje fallecido suspiró entonces: “¡Oh, qué terrible es el sufrimiento en el Purgatorio! Ahora estoy volando al cielo, donde rezaré a Dios para que te conceda gracias por lo que has hecho por mí, porque esta misa fue necesaria para mi liberación del Purgatorio.

OREMOS POR LAS ALMAS BENDITAS EN EL PURGATORIO. 🕯️

Pequeña Fuente y Católica

miércoles, 26 de junio de 2024

Un Monje Que Está en el Purgatorio se Aparece y Pide Sólo Una Misa Para Ser Liberado

 




Hace muchos años en Messina, Italia, hubo una gran terremoto en el que muchas personas perdieron la vida. Casi toda una ciudad cayó y se derrumbo, la única gran estructura que quedaba en pie era la Catedral.

Este relato está basado en el libro “Como ayudar a las benditas almas del Purgatorio”.

Unos años después del terremoto, había un Santo Sacerdote que quería ver la Catedral lo que quedaba en la Ciudad. Así que viajo muchas millas, hasta que luego un día de verano después de almorzar entro en la Iglesia y le pidió al custodio que abriera la puerta para poder mirar y orar.

Después de pasar mucho tiempo admirando las estatuas y las pinturas sagradas que había en las paredes, se fue a rezar delante de la estatua de la Santísima Virgen María, que estaba en el lado derecho del altar. Después de rezar allí por un tiempo, comenzó a cansarse y se quedo dormido. Cuando despertó, miró hacia la ventana y notó que estaba empezando a oscurecer, entonces trató de abrir la puerta principal pero estaba cerrada con llave, también fue a buscar las otras puertas pero vio que también estaban cerradas.

Empezó a golpear la puerta y a gritar que alguien lo ayudara, pero no había nadie que lo ayudara. El custodio se había ido a su casa pensando que el Sacerdote ya se había ido.

No había casas cerca de la Catedral porque ya habían sido destruidas y estaban deshabitadas debido al terremoto que había habido.

Cuando estaba ya totalmente oscuro, se dio cuenta que iba a tener que dormir en la Iglesia toda la noche. Vio a su alrededor y tomó una silla que iba a utilizar para pasar la noche. El Sacerdote cerro la puerta del confesionario y trató de dormir, pero estaba inquieto porque estaba solo en esa Iglesia oscura, y porque la silla también era incomoda. Ademas de eso, no podía dormir, ni siquiera por un minuto, porque la campana de la torre de la Iglesia sonaba cada 15 minutos.

Después de que la campana sonó por la media noche, oyó un ruido, se levantó de su silla y asombrado vio el altar de la Iglesia rodeado por una luz misteriosa.

Cerca del altar, había una pared que tenia un nicho en la pared, y en ese lugar había un monje con su capucha sobre la cabeza. El monje caminó hacia el frente del altar y dijo en voz alta:

“¡Hay un sacerdote aquí, que celebre una Misa por mi alma que sufre en el Purgatorio!”

El Sacerdote se asustó e inmediatamente se sentó en silencio en su silla. Entonces oyó los pasos del monje que caminaba lentamente hacia el confesionario y se detuvo por un momento.

El Sacerdote miró fuera del confesionario y vio el rostro del monje, era una cara de muerto. Y entonces oyó de nuevo los pasos del monje en el mármol de la Iglesia.

Más tarde, mientras el Sacerdote estaba sentado en su silla y rezando, oyó el sonido de las campanas dos veces, significado que ahora eran ya las dos de la mañana. Entonces fue de nuevo al altar y vio que se iluminó, y el monje salir del nicho del muro diciendo:

“¡Hay un sacerdote aquí, que celebre una Misa por mi alma que sufre en el Purgatorio!”

El Sacerdote todavía asustado, no dijo nada, y otra vez la Iglesia se oscureció.

Más tarde, el Sacerdote estaba rezando su Rosario. Le pidió a la Santísima Virgen Madre de Dios, que le diera valor.

Oyó las campanas golpear tres veces, lo que significaba que eran las tres de la mañana. Y el monje volvió a salir otra vez y dijo:

“¡Hay algún sacerdote aquí, que celebre una Misa por mi alma que está sufriendo en el Purgatorio!”

Pero esta vez el Sacerdote si salió del confesionario y dijo: “Si, yo lo haré”.

El Sacerdote se dirigió al altar y encontró todo preparado para la Misa, se puso la vestimenta y ofreció la Misa por la intención por el reposo del alma del monje.

Después de terminar la Misa, oyó una voz que provenía de la pared lateral, que decía esa voz:

No puedo agradecerte lo suficiente por lo que has hecho por mí. Durante 145 años he venido aquí pidiendo a alguien que me ayude. Esta noche estaré en el Cielo por tu Misa y tu acto de caridad. Por la Gracia de Dios te mostraré mi agradecimiento advirtiéndote cuando se acerque tu propia muerte.

Y entonces hubo un silencio y la Iglesia se oscureció de nuevo.

El Sacerdote tropezó hasta llegar a los escalones donde estaba la Santísima Virgen Madre de Dios. Se sentó apoyando la cabeza contra la pared y pronto se quedo dormido.

Al día siguiente temprano en la mañana, lo despertó el custodio cuando abrió la puerta de la Iglesia. El custodio se sorprendió al encontrar al Sacerdote todavía en la Iglesia y le pidió disculpas por haberlo encerrado accidentalmente en la Iglesia.

El Sacerdote regresó a su casa, y le contó a tres de sus amigos íntimos lo que había sucedido, pero ellos no le creyeron, le dijeron que debía ser un sueño, pero el insistió en que estaba diciendo la verdad.

Después de unos años el Sacerdote llamó a sus tres amigos y les dijo que iba de viaje.

Le preguntaron: ¿Cuándo vas a regresar?

Y él dijo: “Nunca”

Les recordó como el monje le había prometido que le revelaría el día de su muerte tres días antes.

Empezaron a reírse de él, le dijeron que estaba loco, porque decían que estaba en perfecto estado de salud y todavía era joven.

Pero el Sacerdote les dijo que era muy serio, dijo: “Esa noche hizo una buena confesión”.

Tres días después, cuando no venia a decir la Misa en la mañana, el sacristán fue a su habitación y lo encontró muerto. Había muerto en el sueño.

Años más tarde, cuando empezaron a restaurar la Iglesia, encontraron en el nicho de la pared cerca del altar un esqueleto de monje con capote y capucha marrón. La misma descripción de la ropa que el Sacerdote les había contado años antes.

Meditación:

Seamos como este Santo Sacerdote, hagamos Misas por los que han muerto, especialmente por los Sacerdotes, hermanos y religiosos, porque necesitan nuestra ayuda. Muchos esperan años para que nosotros simplemente ofrezcamos una Misa por ellos.

martes, 19 de diciembre de 2023

La huella de la mano de la Hermana Teresa María Gesta

 


LA HUELLA DE FUEGO DEL PURGATORIO: EL MISTERIO DE SOR TERESA MARGHERITA GESTA 

Quedó una huella de la mano de la Hermana Teresa M. Gesta, en su visita desde el purgatorio en el Convento de las Terciarias Franciscanas, Foligno, Italia

El día 4 de noviembre de 1859 había muerto de apoplejía fulminante, en el convento de Terciarias Franciscanas de Foligno, una buena hermana llamada Teresa Margarita Gesta.

Fue por muchos años maestra de las novicias, y a la vez encargada de la pobre ropería del monasterio.

Había nacido en Córcega, en Bastia, en 1797 y había entrado en el monasterio en febrero de 1826.

Doce días después de la muerte de sor Teresa, el 17 de noviembre, la hermana Ana Felicia, que la había ayudado y que la reemplazó después de su muerte, iba a entrando en la ropería, cuando oye gemidos que parecían salir del interior del aposento.

Algo azorada, se apresuró a abrir la puerta: no había nadie.

Dejándose oír nuevos gemidos, a pesar de su ordinario valor, sintió miedo.

“¡Jesús, María!; –exclamó – ¿qué es esto?”.

Aún no había concluido, cuando oyó una voz lastimera, acompañada de este doloroso suspiro:

“¡Oh, Dios mío! ¡Cuánto sufro! Oh Dios! ¡Peno tanto!”.

La hermana, estupefacta, reconoció pronto la voz de la pobre sor Teresa. Se repone como puede, y le pregunta:

“¿Y por qué?”

“A causa de la pobreza”, responde sor Teresa.

“¡Cómo!… – replica la hermana – ¡vos que erais tan pobre!”

“No es por mí misma, sino por las hermanas, a quienes he dejado demasiada libertad en este punto. Y tú ten cuidado de ti misma”.

Y al mismo instante la sala se llenó de un espeso humo, y la sombra de sor Teresa apareció dirigiéndose hacia la puerta, deslizándose a lo largo de la pared.

Llegando cerca de la puerta, exclamó con fuerza:

“He aquí un testimonio de la misericordia de Dios”.

Y diciendo esto tocó el tablero superior de la puerta, dejando perfectamente estampada en la madera calcinada su mano derecha, y desapareciendo en seguida.

La pobre sor Ana Felicia se había quedado casi muerta de miedo. Se puso a gritar y pedir auxilio.

Llega una de sus compañeras, luego otra y después toda la Comunidad; la rodean y se admiran todas de percibir un olor a madera quemada.

Buscan, miran y observan en la puerta la terrible marca, reconociendo pronto la forma de la mano de sor Teresa, que era notablemente pequeña.

Espantadas, huyen, corren al coro, se ponen en oración, y olvidando las necesidades de su cuerpo, se pasan toda la noche orando, sollozando y haciendo penitencia por la pobre difunta, y comulgando todas por ella al día siguiente.

Espárcese por fuera la noticia; los Religiosos Menores, los buenos sacerdotes amigos del monasterio y todas las comunidades de la población unen sus oraciones y súplicas a las de las Franciscanas.

Este rasgo de caridad tenía algo de sobrenatural y de todo punto insólito.

Sin embargo, la hermana Ana Felicia, aun no repuesta de tantas emociones, recibió la orden formal de ir a descansar.

Obedece, decidida a hacer desaparecer a toda costa en la mañana siguiente la marca carbonizada que había causado el espanto de todo Foligno.

Mas, he aquí que sor Teresa Margarita se le aparece de nuevo.

“Sé lo que quieres hacer; – le dice con severidad –; quieres borrar la señal que he dejado impresa.

Sabe que no está en tu mano hacerlo, siendo ordenado por Dios este prodigio para enseñanza y enmienda de todos.

Por su justo y tremendo juicio he sido condenada a sufrir durante cuarenta años las espantosas llamas del purgatorio, a causa de las debilidades que he tenido a menudo con algunas de nuestras hermanas.

Te agradezco a ti y a tus compañeras tantas oraciones, que en su bondad el Señor se ha dignado aplicar exclusivamente a mi pobre alma; y en particular los siete salmos penitenciales, que me han sido de un gran alivio”.

Después, con apacible rostro, añadió:

“¡Oh, dichosa pobreza, que proporciona tan gran alegría a todos los que verdaderamente la observan!”.

Y desapareció.

Por fin, al siguiente día, el 19, sor Ana Felicia, habiéndose acostado y dormido, a la hora acostumbrada, oye que la llaman de nuevo por su nombre, despiértase sobresaltada, y queda clavada en su postura sin poder articular una palabra.

Esta vez reconoció también la voz de sor Teresa, y al mismo instante se le apareció un globo de luz muy resplandeciente al pie de su cama, iluminando la celda como en pleno día, y oyó que sor Teresa con voz alegre y de triunfo, decía estas palabras:

“Fallecí un viernes, día de la Pasión y otro viernes me voy a la Gloria… ¡Llevad con, fortaleza la cruz!… ¡Sufrid con valor!”.

Se transfigura en una nube ligera, blanca, deslumbrante, y volando al cielo desaparece.

Y añadió con dulzura: “¡Adiós! ¡adiós! ¡adiós!…”.

Abrióse en seguida una información canónica por el obispo de Foligno y los magistrados de la población.

El 23 de noviembre, en presencia de un gran número de testigos, se abrió la tumba de sor Teresa Margarita, y la marca calcinada de la pared se halló exactamente conforme a la mano de la difunta.

El resultado de la información fue un juicio oficial que consignaba la certeza y la autenticidad de lo que acabamos de referir.

En el convento se conserva con veneración la puerta con la señal calcinada.

La Madre abadesa, testigo del hecho, se ha dignado enseñármela (dice Mons. de Ségur), y mis compañeros de peregrinación y yo hemos visto y tocado la madera que atestigua de modo tan temible que las almas que, ya sea temporal, ya sea eternamente, sufren en la otra vida la pena del fuego, están compenetradas y quemadas por el fuego.

martes, 14 de febrero de 2023

Hermana de sacerdote, adoradora eucarística, luego de fallecer pasa cuarenta días en el Purgatorio


 

LA HERMANA DE DON TOMASELLI SE QUEDA 40 DÍAS EN EL PURGATORIO

Ella cuenta en su diario espiritual:

Tuve una hermana, Josephine, que pasó su vida en gran cercanía con Dios. Cada día iba a misa y se comunicaba. Todas las tardes visitó a Jesús Sacramentado. (... )Ella era una vida sencilla, hasta los 88 años no sabía lo que significaba el matrimonio, ofrecer su virginidad a Dios con voto privado.

La muerte es para todos. Durante su último período de vida se enfermó gravemente.

Le pregunté a Jesús:

¿Mi hermana se quedará en el Purgatorio mucho tiempo después de morir?

- No - respondió Jesús.

El día después de Navidad en 1980 murió, con las comodidades religiosas y un sacerdote a su lado.

Le pregunté a Jesús: - ¿Dónde está mi hermana?

- En el Purgatorio.

- ¿Y cuándo saldrá del Purgatorio?

- Llega el 5 de febrero en 40 días .. (... )

El 5 de febrero alrededor de las 10 pm, Dios prometió una manifestación. Giuseppina, en una apariencia juvenil, dijo:

Estoy en un gran jardín fragante, cerca del sol más hermoso de la vida: JESÚS. Siempre pienso en ti, pero sobre todo en el éxtasis del amor con el Novio, que disfruto como recompensa por mi vida pasada en perfecta pureza de alma y cuerpo. Te amo siempre y nunca te olvidaré. Gracias por las Sagradas Misas que me ayudaron a entrar en el Paraíso más rápidamente. Siempre reza por las almas en el Purgatorio, pero especialmente por los sacerdotes y monjas...

Página 114 - 116

Fuente * Unámonos para ayudar a las Almas Sagradas del Purgatorio *

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Una mamá que todavía estaba en el Purgatorio

 UNA MAMÁ QUE TODAVÍA SE HALLABA EN EL PURGATORIO

El Padre Giuseppe Tomaselli cuenta una experiencia suya con su propia madre fallecida:

«Mi madre fue una persona de gran ejemplo, y a ella le debo en gran parte mi vocación sacerdotal. Iba a Misa y comulgaba todos los días, incluso en la vejez. Jamás dejó de rezar el Rosario. Caritativa, hasta el punto de perder un ojo mientras realizaba un gran acto de caridad hacia una pobre mujer. Siempre conforme al querer de Dios, tanto que cuando mi padre yacía muerto en nuestra casa, cuando yo me pregunté: “¿Qué le puedo decir a Jesús en estos momentos para agradarle?”, ella me dijo que repitiera: “Señor, hágase tu voluntad”. En su lecho de muerte recibió los últimos Sacramentos con fe viva. Unas horas antes de su muerte, sufriendo demasiado, repetía: “¡Oh Jesús, quisiera pedirte que disminuyas mis sufrimientos! Pero no quiero oponerme a tus deseos; ¡haz tu voluntad!” Así murió aquella mujer que me trajo al mundo.

Teniendo muy presente lo que es la Justicia Divina, y prestando poca atención a los elogios que podían dar los conocidos y los mismos sacerdotes sobre mi madre, intensifiqué los sufragios por su alma. Ofrecí gran número de santas Misas, muchas obras de caridad, y donde predicaba exhortaba a los fieles a ofrecer comuniones, oraciones y buenas obras en sufragio de ella.

2 años y medio después de su muerte, de repente se apareció aquí en mi habitación, luciendo muy triste, y tuvo lugar la siguiente conversación:

—¡Me dejaste en el Purgatorio!

—¿Todo este tiempo has estado en el Purgatorio?

—¡Y todavía lo estoy! ¡Mi alma está rodeada de tinieblas y no puedo ver la Luz, que es Dios! Estoy a las puertas del Paraíso, cerca del gozo eterno, y me desgarra el deseo de entrar en él, ¡pero no puedo! Cuantas veces he dicho: Si mis hijos supieran mi terrible tormento, ¡vendrían pronto en mi ayuda!

—¿Y por qué no viniste antes para hacérmelo saber?

—No me era permitido.

—¿Aún no has visto al Señor?

—Tan pronto como expiré, vi a Dios, pero no en toda su luz.

—¿Qué podemos hacer para liberarte de inmediato?

—Sólo necesito una Misa. Dios me ha permitido venir para pedirlo.

—¡Tan pronto como entres al Cielo, regresa para darme la noticia!

—¡Si el Señor lo permite! ¡Qué luz! ¡Qué esplendor!

Se celebraron 2 Misas y algunos días después volvió a aparecerse, y dijo: “¡Estoy en el Paraíso!”

Meditando en esto que he expuesto, me digo a mí mismo: ella llevaba una vida tan ejemplarmente cristiana, y se habían ofrecido por su alma una gran cantidad de sufragios... ¡y aun así permaneció 2 años y medio en el Purgatorio! ¡Nuestros juicios son tan equivocados!»

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Continuemos orando mucho por nuestros difuntos, aunque hayan parecido muy santos, no sea que los dejemos en el Purgatorio largo tiempo por pensar que ya están en el Cielo.

Benditos sean Jesús y María.

martes, 21 de junio de 2022

Fue Rodeado por Sogas de Fuego en el Purgatorio por Seducir a una Monja


 

Fue Rodeado por Sogas de Fuego en el Purgatorio por Seducir a una Monja.

Esto es lo que leemos por cuenta del historiador Daniel Bartoli, de la Compañía de Jesús, en "Vida del Padre Nicolás Zucchi". El santo y celoso Padre Zucchi, fallecido en Roma el 21 de mayo de 1670, había iniciado en los caminos de la perfección a tres jóvenes, las cuales se consagraron a Dios para llevar vida conventual.

Una de ellas, antes de renunciar al mundo, había sido pretendida en matrimonio por un joven señor. Luego de que ella ingresase al noviciado, este señor, en lugar de respetar tan santa vocación, siguió dirigiendo cartas a quien quería llamar su novia, invitándola a que abandonara, como él lo decía, “el triste servicio de Dios” y que se dedicara en cambio a “las alegrías de la vida”.

El Padre, habiéndose encontrado con él un día en la calle, le suplicó que detuviera esa persecución: "Le aseguro", agregó, "que pronto va a comparecer ante el Tribunal de Dios, y ya es hora de que se prepare a través de una sincera penitencia”. En efecto, quince días después, este joven murió, habiendo sido tomado por sorpresa por una muerte súbita, la cual le dejó poco tiempo para poner en orden su conciencia, lo que hacía temer por su Salvación.

Una noche, cuando las tres novicias estaban juntas, dedicadas a estudiar las cosas de Dios, la más joven fue llamada a la sala de visitas. Allí encontró a un hombre, envuelto en una gran capa, el cual caminaba con grandes pasos. - "Señor", dijo ella, "¿quién es usted? y porque me mandó llamar?” - El extraño, sin contestarle, se acerca y retira el misterioso manto que lo cubre.

La monja reconoce entonces al infortunado fallecido, y ve con terror que está completamente rodeado por sogas de fuego, que le aprietan el cuello, las muñecas, las rodillas y los tobillos. “¡Reza por mí!” gritó el hombre, y se marchó.

Esta milagrosa manifestación demostró que Dios se había compadecido de esa pobre alma en el último instante; que no había sido condenada, pero que tuvo que pagar por sus intentos de seducción a un alma consagrada con un durísimo Purgatorio.

Dios es un Dios celoso, que no permite que su Amor por las almas elegidas para ser consagradas a Él, sea compartido con nadie.

jueves, 16 de junio de 2022

Un monje pide misas desde el Purgatorio

 



Dentro de los testimonios de apariciones de Almas del Purgatorio, se encuentra la de un Monje que hacía mucho tiempo que estaba en el Purgatorio y que se aparece para pedir sólo una Misa para ser liberado. Hace muchos años en Messina, Italia, hubo una gran terremoto en el que muchas personas perdieron la vida; a causa del terremoto, se derrumbó casi toda la ciudad, quedando solo intacta un único edificio grande, la Catedral. Unos años después del terremoto, había un sacerdote devoto y piadoso que quería ver la Catedral y lo que quedaba en la Ciudad, así que viajó muchos kilómetros hasta que al fin pudo llegar a la Iglesia, pidiéndole al custodio que abriera la puerta para poder mirar y orar. Después de pasar mucho tiempo admirando las estatuas y las pinturas sagradas que había en las paredes, se fue a rezar delante de la estatua de la Santísima Virgen María, que estaba en el lado derecho del altar. Después de rezar allí por un tiempo, el cansancio del viaje lo venció y se quedo dormido. Cuando despertó, miró hacia la ventana y notó que estaba empezando a oscurecer, entonces trató de abrir la puerta principal pero estaba cerrada con llave, trató de abrir las otras puertas pero vio que también estaban cerradas. Empezó a golpear la puerta y a gritar que alguien lo ayudara, pero no había nadie que lo ayudara. El custodio se había ido a su casa pensando que el Sacerdote ya se había ido. No había casas cerca de la Catedral porque ya habían sido destruidas y estaban deshabitadas debido al terremoto que había ocurrido hacía tiempo. Cuando estaba ya totalmente oscuro, se dio cuenta que iba a tener que dormir en la Iglesia toda la noche. Vio a su alrededor y acercó una silla pasar la noche. El sacerdote cerró la puerta del confesionario y trató de dormir, pero estaba inquieto porque estaba solo en esa Iglesia oscura, y porque la silla también era incómoda. Además de eso, no podía dormir, ni siquiera por un minuto, porque la campana de la torre de la Iglesia sonaba cada quince minutos. Después de que la campana sonó por la media noche, oyó un ruido, se levantó de su silla y asombrado vio el altar de la Iglesia rodeado por una luz misteriosa. Cerca del altar, había una pared que tenía un nicho en la pared, y en ese lugar había un monje con su capucha sobre la cabeza. El monje caminó hacia el frente del altar y dijo en voz alta:

-“¡Hay un sacerdote aquí, que celebre una Misa por mi alma que sufre en el Purgatorio!”. El sacerdote se asustó e inmediatamente se sentó en silencio en su silla. Entonces oyó los pasos del monje que caminaba lentamente hacia el confesionario y se detuvo por un momento. El sacerdote miró fuera del confesionario y vio el rostro del monje, era una cara de muerto. Y entonces oyó de nuevo los pasos del monje en el mármol de la Iglesia. Más tarde, mientras el sacerdote estaba sentado en su silla y rezando, oyó el sonido de las campanas dos veces, significado que ahora eran ya las dos de la mañana. Entonces fue de nuevo al altar y vio que se iluminó, y el monje salir del nicho del muro repitiendo nuevamente: -“¡Hay un sacerdote aquí, que celebre una Misa por mi alma que sufre en el Purgatorio!” El sacerdote todavía asustado, no dijo nada y otra vez la Iglesia se oscureció. Más tarde, el Sacerdote estaba rezando su Rosario. Le pidió a la Santísima Virgen Madre de Dios, que le diera valor.
Oyó las campanas golpear tres veces, lo que significaba que eran las tres de la mañana. Y el monje volvió a salir otra vez y dijo nuevamente:
“¡Hay algún sacerdote aquí, que celebre una Misa por mi alma que está sufriendo en el Purgatorio!”. Pero esta vez el Sacerdote si salió del confesionario y dijo: “Si, yo lo haré”. El Sacerdote se dirigió al altar y encontró todo preparado para la Misa, se puso la vestimenta y ofreció la Misa por la intención por el reposo del alma del monje. Después de terminar la Misa, oyó una voz que provenía de la pared lateral, que decía esa voz: “No puedo agradecerte lo suficiente por lo que has hecho por mí. Durante 145 años he venido aquí pidiendo a alguien que me ayude. Esta noche estaré en el Cielo por tu Misa y tu acto de caridad. Por la Gracia de Dios te mostraré mi agradecimiento advirtiéndote cuando se acerque tu propia muerte”. Y entonces hubo un silencio y la Iglesia se oscureció de nuevo. El sacerdote se acercó hasta el altar donde estaba la Santísima Virgen Madre de Dios. Se sentó apoyando la cabeza contra la pared y pronto se quedo dormido. Al día siguiente temprano en la mañana, lo despertó el custodio cuando abrió la puerta de la Iglesia. El custodio se sorprendió al encontrar al sacerdote todavía en la Iglesia y le pidió disculpas por haberlo encerrado accidentalmente en la Iglesia. El sacerdote regresó a su casa, y le contó a tres de sus amigos íntimos lo que había sucedido, pero ellos no le creyeron, le dijeron que debía ser un sueño, pero el insistió en que estaba diciendo la verdad. Después de unos años el Sacerdote llamó a sus tres amigos y les dijo que iba de viaje. Le preguntaron: ¿Cuándo vas a regresar? Y él dijo: “Nunca”. Les recordó como el monje le había prometido que le revelaría el día de su muerte tres días antes. Sus amigos no le creyeron y tomaron a broma lo que les decía, porque el sacerdote estaba en perfecto estado de salud y todavía era joven. Pero el sacerdote les dijo que el asunto era muy serio y por eso esa noche hizo una buena confesión sacramental. Tres días después, cuando no venia a decir la Misa en la mañana, el sacristán fue a su habitación y lo encontró muerto. Había muerto en el sueño, con lo cual se demostró que lo que el monje del Purgatorio le había dicho era cierto, que él lo ayudaría avisándole tres días antes de su muerte, para que pudiera hacer una buena confesión y así salvar su alma. Años más tarde, cuando empezaron a restaurar la Iglesia, encontraron en el nicho de la pared cerca del altar un esqueleto de monje con capote y capucha marrón. La misma descripción de la ropa que el Sacerdote les había contado años antes. En conclusión, seamos como este santo sacerdote, que rezó por el Alma del monje que estaba en el Purgatorio, hagamos celebrar Misas por los que han fallecido, especialmente por los sacerdotes, hermanos y religiosos, porque necesitan nuestra ayuda. Muchos esperan años para que nosotros simplemente ofrezcamos una Misa por ellos y recordemos que “rezar por vivos y difuntos” es una obra de misericordia espiritual que abre las puertas del Cielo.

 

 

jueves, 12 de mayo de 2022

Dos horas en el Purgatorio son más largas que ochenta años de vida en la tierra

 



Un testimonio de la madre Esperanza nos hace ver dos cosas: que la percepción del tiempo en el Purgatorio es mucho más larga que aquí en la tierra y que la Justicia Divina, en la otra vida, es implacable, pues no deja pasar ni la más mínima falta. Esto es lo que le pasó a un santo obispo, que en su vida terrena se había caracterizado por su piedad, por su fe y por su devoción y amor a la Eucaristía.

La Madre Esperanza narra lo siguiente: “El Señor me dijo: “Te voy a mostrar con cuánta gloria el obispo entra al Cielo porque dio la aprobación al primer Santuario del mundo del Amor Misericordioso”. Entonces, el Señor desapareció y llegó el obispo con su cuerpo glorioso y resplandeciente, que indicaba que estaba en el Cielo.

El Obispo le dijo: “Madre Esperanza, el Señor me envió a ti para agradecerte porque me llamaste para dar la aprobación al santuario... El Señor estaba muy contento. Ahora tendré la gloria del Cielo toda la Eternidad, pero debo decirte que yo, antes de ir al Cielo, he sufrido tanto en el Purgatorio”.

La madre respondió: “Excelencia, murió ayer en Roma, ¿por qué me dice que ha sufrido durante mucho tiempo si sólo han pasado dos días?”.

El Obispo le respondió: “Madre Esperanza, el tiempo del más allá no es igual a lo que se vive en la tierra, he sufrido mucho más en estos dos días de purgatorio que en ochenta años de mi vida en la tierra. Y esto porque cuando se muere, el alma se presenta ante Dios y en presencia de Dios el alma se avergüenza del comportamiento que ha tenido en vida descuidando al Señor. Tiene usted que decirle a todos que el más allá existe y que en la tierra lo más importante es Amar al Señor... Todo lo demás no sirve de nada”.

Entonces, no pensemos que tenemos ganado el Cielo, ni mucho menos, por haber hecho alguna que otra obra buena; en vez de eso, pensemos en el día de nuestro Juicio Particular, obremos la misericordia corporal y espiritual, acudamos al Sacramento de la Confesión con frecuencia y abandonémonos en los brazos de la Divina Misericordia.

La Doctrina de la Iglesia Católica acerca del Purgatorio, según el Catecismo


 

III. La purificación final o purgatorio

1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:

«Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, Dialogi 4, 41, 3).

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:

«Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? [...] No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos» (San Juan Crisóstomo, In epistulam I ad Corinthios homilia 41, 5).

(https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p123a12_sp.html) 

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