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jueves, 30 de enero de 2025

Las Benditas Almas del Purgatorio vinieron a ayudar a su bienhechor antes de morir

 


LAS ALMAS VINIERON A AYUDAR A SU BIENHECHOR ANTES DE MORIR

Una Mujer cuenta lo siguiente:

«Mi hijo fue asesinado hace 13 años. Con el paso del tiempo tuve varios sueños en los que él me decía que debía perdonar a los que le quitaron la vida, lo cual era muy difícil para mí. Luego, estando un día pensando en la forma terrible en que había muerto, vino en un sueño y me dijo:

“Cuando me estaban estrangulando, comencé a ver miles de luces y en un principio pensé que eso era efecto de la falta de oxígeno en mi cerebro, pero luego me di cuenta que eran las almas benditas. Me dijeron: ‹Llama a Jesús›. Yo simplemente pensé: ‹¡Pero no puedo abrir la boca!› Entonces respondieron: ‹No es necesario que hables›. Llamé a Dios y en ese momento vino el Espíritu Santo, que me sacó de mi cuerpo y me sostuvo como un niño en sus brazos, y desapareció todo el miedo y dolor que estaba sintiendo”.

Luego añadió:

“Cuando le pregunté a la almas por qué habían venido en mi ayuda, me contestaron: ‹Tú oraste por nosotros›. Les dije: ‹¿Y en qué momento oré por ustedes?› Respondieron: ‹Cuando estabas pequeño, cada vez que te sentabas a la mesa con tu familia y hacían la bendición de los alimentos, al final añadían una oración que decía: ‘Que las almas de los fieles difuntos por la Misericordia de Dios descansen en paz’. Esa sencilla oración benefició a muchas almas. Y como ves, hemos venido a ayudarte ahora que estás por morir›. Entonces fue cuando me instaron a llamar a Jesús en vez de maldecir a mis asesinos”.

Él tenía 19 años al momento de su muerte».

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 Una oración que uno considera sencilla, tiene un gran efecto en las almas benditas.  Emocionante saber que ellas nunca se olvidaron de lo que él había hecho por ellas cuando estaba pequeño, y se lo recompensaron asistiéndolo en su última hora. 

Que este testimonio sirva para animarnos a enseñar a los niños a orar por los difuntos. Aunque sean oraciones tan cortas como la que este joven decía con su familia antes de cada comida. También es buena idea que por ejemplo los profesores lo enseñaran a sus alumnos antes de cada clase. Con esto se ayuda a los difuntos, pero al mismo tiempo estos niños o jóvenes ganarán intercesores en el Cielo. 

«Que los fieles difuntos por la Misericordia de Dios descansen en paz».

jueves, 22 de agosto de 2024

LAS TRES AVES MARIAS POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

 


LAS TRES AVES MARIAS POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Oh, María, Reina del Purgatorio, te ruego por aquellas Almas por las cuales tengo o pueda tener alguna obligación, sea de caridad o de justicia.

AVE MARIA

Oh, María,   Reina del Purgatorio, te ruego por las almas mas abandonadas y olvidadas, por las que nadie ruega, Tu oh Madre, que te acuerdas de ellas, aplicales los méritos de la pasión de Jesús, tus méritos y los de todos los santos, y encontrarán saludable refrigerio.

AVE MARIA

Oh, María,   Reina del Purgatorio, te ruego por aquellas almas que han de salir mas pronto de aquel lugar de penas, para que cuanto antes vayan a cantar en tu compañía las eternas misericordias del Señor.

AVE MARIA

miércoles, 21 de agosto de 2024

Santa Ana Schaffer y las Benditas Almas del Purgatorio



 “MI FAMILIA PIENSA QUE YA ESTOY EN EL CIELO”

Santa Ana Schaffer escribió:

«El 12 de enero de 1919, soñé que una jovencita, de entre 14 y 16 años, venía a mi habitación. Cuando me tomó la mano para saludarme, la sentí completamente fría, y entonces le pregunté: “¿Estás así de fría porque eres un espíritu?” Y ella respondió: “Sí, y por eso he venido a ti, para pedirte que reces por mí. Nadie ha orado por mí desde hace mucho tiempo, porque todos creen que ya estoy en la visión beatífica de Dios, cuando en realidad me encuentro todavía sufriendo en el Purgatorio”. Le pregunté de dónde era y me contestó que de Oberdolling. Le aconsejé entonces que fuera con sus parientes: “Puede ser que ellos vuelvan a rezar por ti”. La pobre joven se fue a buscar a sus familiares, pero al cabo de un rato volvió y me dijo entre lágrimas: ”Mis parientes no rezaron por mí”, y luego dijo: “Al momento de mi muerte, tuve como abogada a la poderosa Virgen María, pero también a la patrona de quien llevo el nombre, y a otro Santo”. Le dije: “No te preocupes, que rezaré mucho por ti”, y ella agregó: “Mi patrona ya me había anunciado todo esto: gracias a ella, conozco de antemano el consuelo que recibiré”».

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Tantos familiares o conocidos habrá retenidos aún en el Purgatorio, quizás muertos más de 20, 30 o 40 años atrás, porque sus allegados piensan que “ya descansan en el Señor”.

¡Oremos mucho por las Benditas Almas del Purgatorio!

jueves, 10 de noviembre de 2022

Relatos sobre las Benditas Almas del Purgatorio

 

Relatos sobre las benditas Almas

Primer Relato[1]:                          

Relatos sobre las benditas Almas

Primer Relato[1]:

Refiere Tomás de Cantimprato que, a un hombre muy virtuoso, pero que, a causa de una larga y terrible enfermedad, estaba muy deseoso de morir, se le apareció el Ángel del Señor y le dijo: “Dios ha aceptado tus deseos, elige, entonces: o pasar tres días en el purgatorio y después ir al cielo, o ir al cielo sin pasar por el purgatorio, pero sufriendo todavía un año de esa enfermedad en la tierra”. El hombre entonces comparó los tres días en el Purgatorio con el año de enfermedad en la tierra y decidió elegir lo primero: fue así que murió y fue al purgatorio. Todavía no había pasado un día, cuando el ángel se le presentó de nuevo. Apenas aquella pobre alma lo vio, le dijo: “No es posible, exclama, que tú seas el Ángel bueno, pues me has engañado así. Me decías que solo estaría tres días en este lugar, ¡y hace ya tantos años que estoy sufriendo aquí las más horribles penas!”. El Ángel le contestó: “Tú eres quien te engañas: todavía no ha pasado un día, tu cuerpo en la tierra está aun por enterrar. Si prefieres sufrir un año más esta enfermedad, Dios te permite salir del Purgatorio y volver al mundo”. El alma le contestó: “Sí, Ángel santo, no solo esta enfermedad durante un año, sino cuantas penas, dolores y males haya en el mundo sufriré gustoso, antes que padecer una sola hora las penas del Purgatorio”. Volvió, pues, a la vida y sufrió con admirable alegría un año más aquella enfermedad, relatando a todos lo terrible que son las penas del Purgatorio. 

Esta historia del Purgatorio nos enseña, por un lado, que la percepción del tiempo, en el Purgatorio, es muy distinta a la percepción del tiempo aquí en la tierra: un segundo en el Purgatorio equivale a tal vez un año entero en la tierra. Por otro lado, nos enseña que el dolor y la enfermedad, del orden que sean, son tesoros invalorables, más preciosos que el oro y la plata, porque si se sufren unidos a Cristo en la cruz y a la Virgen al pie de la cruz, permiten nuestra purificación ya aquí en la tierra, con lo cual, cuando muramos, no deberemos pasar por el Purgatorio.

Los siguientes relatos se refieren a personas que en la vida terrena cometieron lo que llamamos pequeñas faltas o pecados veniales. Dentro de estas historias reales, está el de unas almas que fueron condenadas a él por haber hablado en la Iglesia sin necesidad, como una niña de siete años, según refiere Cesáreo; otras, como la hermana de San Pedro Damiano, por haber escuchado con gusto una canción profana. Murió Vitalina, noble doncella romana, quien era muy devota de Santa Mónica y por eso le encomendaba a su hijo Agustín en sus oraciones; a pesar de esto, se apareció muy triste a San Martín obispo, diciéndole: “Estoy ardiendo en el Purgatorio por haberme lavado dos o tres veces la cara con demasiada vanidad”. No está mal lavarse la cara, sino hacerlo con vanidad.

Otra historia se refiere a un religioso que fue al purgatorio por quedarse al lado de la estufa más de lo ordinario en tiempo de invierno, también allá fue a parar San Severino por ciertas negligencias en el rezo divino. Esto se debe a que, para los religiosos, el Juicio será mucho más severo, según las palabras de Jesús: “Al que más se le dio, más se le pedirá”. No está mal calentarse al fuego en invierno, pero sí lo está el hacerlo por puro placer de los sentidos. Otro caso se refiere a un niño de nueve años, que por no haber devuelto algunas pequeñas cosas que no le pertenecían, estuvo muchos años en aquel fuego; otro caso, el de un padre de familia, por haber descuidado la educación en la fe católica de sus hijos.

Por estas apariciones, podemos ver que lo que consideramos pecados veniales son actos de malicia, si bien pequeños, pero que tienen como consecuencia la disminución de la caridad hacia Dios. Es decir, el pecado venial nos enfría en el amor a Dios y esta frialdad debe ser purificada en el Purgatorio.



Cuarto Relato:

Refieren varios autores que estando un religioso carmelita descalzo en oración, se le apareció un difunto con semblante muy triste y todo el cuerpo rodeado de llamas. “¿Quién eres tú? ¿Qué es lo que quieres?, pregunto el religioso.- Soy, respondió, el pintor que murió días pasados, y deje cuanto había ganado para obras piadosas. -¿Y cómo padeces tanto, habiendo llevado una vida tan ejemplar?, volvió a decirle al religioso.-¡Ay!, contesto el difunto, en el tribunal del supremo Juez se levantaron contra mi muchas almas, unas que padecían terribles penas en el purgatorio, y otras que ardían en el infierno, a causa de una pintura obscena que hice a instancias de un caballero.
Por fortuna mía se presentaron también  muchos santos, cuyas imágenes pinte, y dijeron para defenderme que había hecho aquella pintura inmodesta en la juventud, que después me había arrepentido y cooperado a la salvación de muchas almas, pintando imágenes de Santos, y por último que había empleado lo que había ganado a fuerza de muchos sudores, en limosnas y obras de piedad.

Oyendo el Juez soberano estas disculpas, y viendo que los santos interponían sus meritos, me perdono las penas del infierno pero me condeno a estar en el purgatorio mientras dure aquella pintura.

Avisa pues, al caballero N.N. que la eche al fuego, y ¡ay! de él si no lo hace. Y en prueba de que es verdad lo que te digo, sepa que dentro de poco tiempo morirán dos de sus hijos. Creyó, en efecto, el caballero la visión y arrojo al fuego la imagen escandalosa. Antes de los dos meses se le murieron los dos hijos, y el reparo con rigurosa penitencia los daños ocasionados a las almas.


Quinto Relato:

Estaba santa Brígida en altísima contemplación, cuando fue llevada en espíritu al purgatorio. Allí vio, entre otras, a una noble doncella, y holló que se quejaba amargamente de su madre, por el demasiado que le había tenido: “!AH! decía, en vez de reprenderme y sujetarme, ella me proporcionaba modas, novios, me incitaba a ir a los bailes, saraos, teatros, y hasta me engalanaba ella misma. Es verdad que me enseñaba alguna devociones, pero que gusto podían dar estas a Dios llendo mezcladas con tanto galanteo y profanidad?. No obstante, como la misericordia del señor es tan grande, por aquellas devociones que hacía, Dios me concedió tiempo para confesarme bien y librarme del infierno.
Pero ay!!!, que penas estoy padeciendo, si lo supieran mis amigas!!, que vidas tan distintas llevarían!!. La cabeza que antes ataviaba con dijes y vanidades esta ahora ardiendo entre llamas vivísimas, las espaldas y brazos que llevaba descubiertos los tengo ahora cubiertos y apretados con hierros de fuego ardentísimo, las piernas y pies, que adornaba para el baile ahora son atormentados horriblemente, todo mi cuerpo, en otro tiempo tan pulido y ajustado ahora se halla sumergido en toda clase de tormentos.”
Conto la santa esta visión a una prima de la difunta, muy entregada también a la vanidad, y esta cambio de vida en términos que, entrando a un convento de muy rigurosa observancia procuro con rigidísimas penitencias reparar los desordenes pasados, y auxiliar a su parienta que estaba padeciendo tanto en el purgatorio.


Sexto Relato:

Había en Bolonia una viuda noble, que tenía un hijo único muy querido. Estando divirtiéndose un día con otros jóvenes, paso un forastero y les interrumpió el juego. Reprendiéndole ásperamente el hijo de la viuda, y resentido el forastero, saco un puñal, se lo clavo en el pecho y dejándole palpitando en el suelo, echo a huir calle abajo con el puñal ensangrentado en la mano, y se metió en la primera casa que encontró abierta.
Allí suplicó a la señora que por amor de Dios le ocultase, y ella, que era precisamente la madre del joven asesinado, le escondió en efecto. Entre tanto llego la justicia buscando al asesino, y no hallándole allí, “sin duda, dijo uno de los que les buscaba, no sabe esta señora que el muerto es su hijo, pues si lo supiera, ella misma nos entregaría al reo, que indudablemente debe estar aquí”.

Poco falto, para que muriese la madre de sentimiento al oír estas palabras. Mas luego, cobrando animo y conformándose con la voluntad Divina, no solo perdono al que había matado a su único y tan estimado hijo, sino que le entrego todavía una cantidad de dinero y el caballo del difunto para que huyese con más prontitud, y después le adopto como su hijo.

Pero, ¡cuán agradable fue a Dios esta generosa conducta! Pocos días después estaba la buena  señora, haciendo oración, por el alama del difunto, cuando de pronto se le apareció su hijo, todo resplandeciente y glorioso, diciéndole: “Enjuagad madre mía, vuestras lagrimas y alegraos, que me he salvado. Muchos años tenía que estar en el purgatorio, pero vos me habéis sacado de él, con las virtudes heroicas que practicasteis perdonando y haciendo bien al que me quito la vida. Más os debo por haberme librado de tan terribles penas, que por haberme dado a luz. Os doy las gracias por uno y otro favor, ¡adiós, madre mía, adiós, me voy al cielo donde seré dichoso por toda la eternidad”.


Septimo Relato:

Derrotado por Cayano, el ejército de Mauricio y hechos prisioneros gran número de soldados, Cayano pidió al emperador una moneda y no de valor muy subido, por el rescate de cada prisionero. Mauricio se negó a darla. Cayano pidió entonces una de menos valor, y habiéndosela también rehusado, exigió por ultimo una ínfima cantidad, la que no habiendo podido lograr tampoco, irritado el bárbaro, mando cortar la cabeza a todos los soldados imperiales que tenía en su poder. Mas ¿Qué sucedió?
 
Pocos días después Mauricio tuvo una espantosa visión. Citado al tribunal de Dios, veía gran multitud de esclavos que arrastraban pesadas cadenas, y con horrendos gritos pedían venganza contra el. Oyendo el Juez supremo, tan justas quejas, se vuelve a Mauricio y le pregunta: “¿Dónde quieres ser más castigado: en esta o en la otra vida? -¡Ah! Benignísimo Señor, responde el prudente emperador, prefiero ser castigado en este mundo. Pues bien, dijo el juez, en pena de tu crueldad con aquellos pobres soldados, cuya vida no quisiste salvar a tan poco precio, uno de tus soldados te quitara la corona, fama y vida acabando con toda tu familia”.
En efecto, pocos días después se le insurrecciono el ejército, proclamando a Focas por emperador. Mauricio fugitivo se embarco en una pequeña nave con algunos pocos que le seguían, más en vano, furiosas las olas lo arrojan a la playa, y llegando los partidarios de Focas, le atan a él y a cuantos le seguían y los llevan a Eutropia, en donde, ¡oh, padre infeliz! Después de haber visto con sus propios ojos la cruel carnicería que hicieron de cinco hijos suyos, fue muerto ignominiosamente, y no paso mucho tiempo sin que el resto de su familia sufriese la misma desgracia.

¡Ah! Cristianos que oís esto, no son unos pobres soldados, son vuestros propios hermanos y vuestros propios padres los que han caído prisioneros de la Justicia divina.

Este Dios misericordioso pide por su rescate una muy pequeña moneda, de gran valor, es verdad, pero muy fácil de dar. “¿Y seréis tan duros que se le neguéis? ¿Tan insensibles seréis a la felicidad de las ánimas y a vuestros propios intereses?


Octavo Relato:

Tenía una pobre mujer napolitana una numerosa familia que mantener, y a su marido en la cárcel, encerrado por deudas. Reducida a la ultima miseria, presento un memorial un gran señor, manifestándole su infeliz estado y aflicción, pero con todas las suplicas no logro más que unas monedas.

Entra desconsolada a una Iglesia, y encomendándose a Dios, siente una fuerte inspiración de hacer decir con aquellas monedas una Misa por las Ánimas, y pone toda su confianza en Dios, único consuelo de los afligidos. ¡Caso extraño! Oída la Misa, se volvía a casa, cuando encuentra a un venerable anciano, que llegándose a ella le dice: “¿Qué tenéis, mujer? ¿Qué os sucede?” La pobre le explico sus trabajos y miserias. El anciano consolándola le entrega una carta, diciéndole que la lleve al mismo señor que le ha dado las monedas. Este abre la carta, y ¿Cuál no es su sorpresa cuando ve la letra y firma de su amantísimo padre ya difunto? ¿Quién os ha dado esta carta?
-No lo conozco, respondió la mujer, pero era un anciano muy parecido a aquel retrato, solo que tenía la cara más alegre. Lee de nuevo la carta, y observa que le dicen: “Hijo mío muy querido, tu padre ha pasado del purgatorio al cielo por medio de la Misa que ha mandado celebrar esa pobre mujer. Con todas veras la encomiendo a tu piedad y agradecimiento, dale una buena paga, porque está en grave necesidad”.
El caballero, después de haber leído y besado muchas veces la carta, regándola con copiosas lagrimas de ternura: “Vos, dice a la afligida mujer, vos con al limosna que os hice, habéis labrado la felicidad de mi estimado padre, yo ahora hare la vuestra, la de vuestro marido y familia”.

En efecto, pago las deudas, saco al marido de la cárcel, y tuvieron siempre de allí en adelante cuanto necesitaban y con mucha abundancia. Así recompensa Dios, aun en este mundo, q los devotos de las benditas Animas.


Noveno Relato:

Cómo, diciendo misa el hermano Juan de Alverna el día de Difuntos,vio que muchas almas eran liberadas del purgatorio.
Celebraba una vez la misa el hermano Juan el día siguiente a la fiesta de Todos los Santos por todas las almas de los difuntos, como lo tiene dispuesto la Iglesia, y ofreció con tanto afecto de caridad y con tal piedad de compasión este altísimo sacramento, el mayor bien que se puede hacer a las almas de los difuntos por razón de su eficacia, que le parecía derretirse del todo con la dulzura de la piedad y de la caridad fraterna.

Al alzar devotamente el cuerpo de Cristo y ofrecerlo a Dios Padre, rogándole que, por amor de su bendito Hijo Jesucristo, puesto en cruz por el rescate de las almas, tuviese a bien liberar de las penas del purgatorio a las almas de los difuntos creadas y rescatadas por Él, en aquel momento vio salir del purgatorio un número casi infinito de almas, como chispas innumerables que salieran de un horno encendido, y las vio subir al cielo por los méritos de la pasión de Cristo, el cual es ofrecido cada día por los vivos y por los difuntos en esa sacratísima hostia, digna de ser adorada por los siglos de los siglos. Amén.

Decimo Relato:

                                                                                                                                                                           

Cómo, por los méritos de fray Gil,fue librada del purgatorio el alma de un fraile Predicador, amigo suyo.

Estaba ya fray Gil con la enfermedad de la que a pocos días murió, y enfermó también de muerte un fraile dominico. Otro religioso amigo de éste, viéndole próximo a morir, díjole:

-- Hermano mío, si te lo permitiese el Señor, quisiera que después de tu muerte vinieses a decirme en qué estado te encuentras.

El enfermo prometió complacerle, caso de que le fuese posible.

Ambos enfermos murieron el mismo día, y el de la Orden de Predicadores se apareció a su hermano superviviente, y le dijo:

-- Voluntad es de Dios que te cumpla la promesa.

-- ¿Qué es de ti? -le preguntó el fraile.

-- Estoy bien -respondió el muerto-, porque aquel mismo día murió un santo fraile Menor, llamado fray Gil, al cual, por su grande santidad, concedió Jesucristo que llevase al cielo todas las almas que había en el purgatorio. Con ellas estaba yo en grandes tormentos, y por los méritos del santo fray Gil me veo libre.

Dicho esto, desapareció, y el fraile que tuvo esta visión no la reveló a nadie; pero ya enfermo, temeroso del castigo de Dios por no haber manifestado la virtud y gloria de fray Gil, hizo llamar a los frailes Menores. Se presentaron diez, y, reunidos con los frailes Predicadores, reveló el enfermo devotamente la visión ya referida. Investigaron con diligencia, y supieron que los dos habían muerto en un mismo día.

En alabanza de Jesucristo y del pobrecillo Francisco. Amén.


Decimo Primer Relato:

Santa Gertrudis, aquella esposa tan regalada del Señor, había hecho donación de todos sus meritos y obras buenas a las pobres Animas del purgatorio, y para que los sufragios tuviesen más eficacia y fuesen más adeptos a Dios, suplicaba a su Divino Esposo le manifestase porque alma quería que satisfaciese. Se lo otorgaba su Divina Majestad, y la santa multiplicaba, oraciones, ayunos, cilicios, disciplinas y otras penitencias, hasta que aquella alma hubiese salido del purgatorio. Sacada una, pedía al Señor le señalara otra, y así logro liberar a muchas de aquel horrible fuego.

Siendo ya la santa de edad avanzada, le sobrevino una fuerte tentación del enemigo que le decía: “¡Infeliz de ti! ¡Todo lo has aplicado a las Animas del Purgatorio, y nos satisfecho todavía por tus pecados! Cuando mueras, ¡que penas y tormentos te esperan!” No dejaba de acongojarla este pensamiento, cuando se le apareció Cristo Señor Nuestro, y la consoló diciendo: “Gertrudis, hija mía muy amada, no temas, los sufragios que tu ofreciste a las Animas del Purgatorio, me fueron muy agradables, tu no perdiste nada, pues en recompensa no solo te perdono las penas que allí habías de padecer, sino que aun aumentare tu gloria de muchísimos grados. ¿No había prometido yo dar el ciento por uno, pagando a mis fieles servidores con medida buena, abundante y apretada? Pues mira, yo hare que todas las almas libertadas con tus oraciones y penitencias te salgan a recibir con muchos Ángeles a la hora de la muerte, y que, acompañada de este numeroso y brillante cortejo de bienaventurados, entres en el triunfo de la gloria”.

 

viernes, 16 de septiembre de 2022

El Padre Pío y las Benditas Almas del Purgatorio


 

El Padre Pío y las Benditas Almas del Purgatorio

Una noche de invierno, Padre Pío estaba junto a la chimenea rezando, absorto en la oración, y de repente vio a un hombre anciano sentado a su lado, ataviado con una capa antigua y rota. Se quedó pensando por dónde habría entrado ese hombre, ya que todas las puertas del convento estaban cerradas a esa hora. Entonces, le preguntó:

– “¿Quién eres?, ¿qué quieres?”

– “Padre, soy Pietro Di Mauro, hijo de Nicolás, apodado `precoco´. Morí en este convento el 18 de septiembre de 1908, en la celda número 4. En aquel entonces esto era un asilo para personas pobres. Una noche, mientras estaba en la cama, me quedé dormido con un cigarro encendido. El colchón ardió y yo me asfixié y me quemé. Todavía estoy en el purgatorio y necesito una Santa Misa para poder salir de aquí. Dios ha permitido que venga a pedirle ayuda.”

Padre Pío, entonces, consoló a esta alma haciéndole saber que celebraría la Misa por su liberación al día siguiente. Y así lo hizo.

A los pocos días contó esta historia al padre Paulino y los dos decidieron comprobar si este hombre había existido realmente en la ciudad. Efectivamente, las estadísticas del pueblo recogían la historia de un hombre muerto por asfixia en un incendio, producido en el asilo para pobres que estaba donde ahora se encontraba el convento de San Giovanni Rotondo. Con la Santa Misa, esta Bendita Alma del Purgatorio quedó liberada y fue al Cielo; esto nos demuestra el poder de la Sangre de Cristo, derramada en el Cáliz en cada Santa Misa, para liberar a las Almas del Purgatorio y nos da la razón para que siempre ofrezcamos Misas por las Almas del Purgatorio, sobre todo las más necesitadas.

En otra ocasión, Padre Pío se encontraba en el coro de la iglesia rezando y empezó a oír unos sonidos extraños. Escuchó pasos, y parecía que había alguien limpiando los candelabros de la iglesia y moviendo los jarrones del altar. Entonces gritó: “¿Quién anda ahí?”, pero nadie contestó. Volvió de nuevo a la oración, y a los pocos minutos oyó otra vez el ruido. Entonces se acercó al altar y se encontró con un fraile desempolvando los objetos que allí estaban. Pensó que quizá era el padre Leone y le dijo: “Padre Leone, es hora de cenar, no de limpiar el altar”.

– “Yo no soy el padre Leone, le contestó el fraile”

–  “Entonces, ¿quién eres?, le preguntó Padre Pío.

–  “Soy un fraile que hizo el noviciado aquí, y durante ese año mi misión era limpiar el altar y ordenarlo todo en este lugar. En todo ese noviciado no reverencié a Jesús Sacramentado como debería haberlo hecho, mientras pasaba por delante del altar. Por ese serio descuido todavía estoy en el Purgatorio. Ahora, Dios me ha enviado aquí para que usted decida el tiempo que aún debo permanecer en este lugar”.

Padre Pío, que quiso ser generoso con esa alma, le contestó: “Mañana por la mañana, cuando celebre la Santa Misa, estarás en el Paraíso”. El alma de ese fraile desapareció llorando.

Padre Pío, después de unos minutos, lloró también. “Qué cruel he sido -pensó-, podría haber enviado a esta alma al Paraíso esta misma noche, sin embargo, la he condenado a vivir en el purgatorio una noche más”. Esta experiencia del Padre Pío nos enseña dos cosas: una, que no debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy y si hoy podemos ofrecer una Misa por las Almas del Purgatorio o si hoy podemos rezar el Rosario por las Almas del Purgatorio, no debemos postergar esa obra de misericordia para el próximo día; la segunda enseñanza es que las Almas en el Purgatorio sufren y sufren mucho, aunque con esperanza y si nosotros postergamos nuestras oraciones, lo que hacemos es postergar su sufrimiento, cuando podemos aliviarlos.

 


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